June 23, 2007
“Eso fui. Una suerte de botella echada al mar. Botella sin mensaje. Menos nada. Nada menos… Aprendí definitivamente los colores, me adueñé del insomnio, lo llené de memoria y puse amor en cada parpadeo.
…Y me puse a soñar lo que se sueña cuando el olor a lluvia nos limpia la conciencia.
No sabía de dónde venía el frío. No estamos en invierno, pensó. Sin embargo, las manos se le habían vuelto rígidas, las rodillas le temblaban, el alma no era alma sino témpano.
Si no se esfuman/hay que tener cuidado/con los fantasmas.
Cuando veo que estás despierto a media noche, también me desvelo, y así seguimos, uno junto al otro, sin tocarnos ni preguntarnos ni necesitarnos.
Si un amor concluye intempestivamente, es urgente improvisar otro, ya que sin amor los resortes de la cotidianidad se oxidan.
…está lloviendo desconsoladamente. Bienvenida la lluvia. Siempre tuve la sensación de que un buen y nutrido aguacero me limpiaba la conciencia hasta en sus rincones más escabrosos, esos a los que nos cuesta llegar con meras reflexiones y autorreproches.
Alguna vez leí que el abrazo del tango es sobre todo comunicación erótica, prólogo del cuerpo-a-cuerpo que luego vendrá o no, pero que en ese tramo figura como proyecto verosímil.
Lo penoso es que la vida sigues después del tango, y esa misma hechura, esa misma presencia entrañable que me había descubierto el amor, un día se convirtió en ausencia extrañable y mi pobre cuerpo quedó partido en dos: una mitad de amor perdido y otra de rencor encontrado.”
Benedetti
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Posted by Azrahel
April 10, 2007
Envy, Lust, Greed.
Pequeno
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Posted by Azrahel
March 14, 2007
Pantaleón y las visitadoras (fragmento)
” Sí, pues, antes de entrar a Pantilandia estuve de “lavandera”, como dijiste, y después donde Moquitos. Hay quienes se creen que las “lavanderas” ganan horrores y se pasan la gran vida. Una mentira de este tamaño, Sinchi. Es un trabajo jodidí, fregadísimo, caminar todo el día, se le ponen a una los pies así de hinchados y muchas veces por las puras, para regresar a la casa con los crespos hechos, sin haber levantado un cliente. Y encima tu cafiche te muele porque no has traído cigarrillos. Tú dirás para qué un cachife, entonces. Porque si no tienes, nadie te respeta, te asaltan, te roban, te sientes desamparada, y, además, Sinchi ¿a quién le gusta vivir sola, sin hombre? Sí, me desvié otra vez, ahora hablo de eso. Era para que sepas por qué, cuanod de repente se corrió la voz que en Pantilandia daban contratos con sueldos fijos, domingos libres y hasta viajes, bueno, fue la locura de las “lavanderas”. Era la lotería, Sinchi, ¿no te has cuenta? Un trabajo seguro, sin tener que buscar clientes porque había para regalar, y encima tratadas con toda consideración. Nos parecía un sueño, pues. Fue la atropellada hacia el río Itaya. Pero aunque todas volamos, sólo había contratos para unas pocas y nosotras éramos un chuchonal, ay perdona. Y, además, con la Chuchupe de jefaza ahí, no había manera de entrar. El señor Pantoja le hacía caso a todos sus consejos y ella siempre prefería a las que habían trabajado en casa de Nanay. Por ejemplo, a las que venían de la competencia, los bulines de Moquitos, las aguantaba y les ponía toda clase de peros y les cobraba unas comisiones bárbaras. Y a las “lavanderas” todavía peor, nos desmoralizaba diciendo al señor Pantoja que no le gustan las que vienen de la calle, como las perritas, sino las que han trabajado en domicilio conocido. Quería decir casa Chuchupe, claro. Desgraciada, me estuvo cerrando el paso lo menos cuatro meses. “
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