Escritos de un viejo indecente….

March 11, 2008

Con sus relatos, reunidos en este volumen, escritos en total libertad para la revista underground Open City, Charles Bukowski se convirtió de inmediato en una celebridad «una leyenda viviente» (New York Review of Books), cuya fama fue aumentando vertiginosamente con la publicación de sus otros libros de relatos y poemas: «el sucesor de Miller y Burroughs»

Con su brutalidad, su salvaje y tierno sentido del humor, su tremenda sinceridad, Bukowski borracho, enloquecido, atrapado en una sociedad cuyos presuntos valores le asquean consigue, con su estilo descarnado y escueto, conectar inmediatamente con el lector.

Hace más de un año que empezó John Bryan con su periódico «underground»
OPEN CITY en la habitación delantera de una pequeña casa de dos pisos de alquiler. El
periódico se trasladó luego a un apartamento de enfrente, luego al distrito comercial de
la Avenida Melrose. Pero cuelga una sombra. Una sombra, inmensa, lúgubre. El tiraje
aumenta pero la publicidad no llega como debería. Al otro extremo, en la parte mejor de
la ciudad está el L. A. Free Press, ya asentado. Que se lleva los anuncios. Bryan creó su
propio enemigo trabajando primero para el L. A. Free Press y pasando su tiraje de 16.
000 a más del triple. Es como organizar el Ejército Nacional y unirse luego a los revo-
lucionarios. Por supuesto, la batalla no es simplemente OPEN CITY contra FREE
PRESS. Si has leído OPEN CITY, sabrás que la batalla es más amplia que eso. OPEN
CITY incluye a los grandes tipos, los primeros, y hay algunos muy grandes que bajan
por el centro de la calle, AHORA, y son unos verdaderos mierdas, además. Es más
divertido y más peligroso trabajar para OPEN CITY, que quizás sea el periodicucho
más vivo de los Estados Unidos. Pero diversión y peligro no ponen margarina en la
tostada ni alimentan al gato. Y renuncias a la tostada y acabas comiéndote el gato.
Bryan es el tipo de idealista y romántico loco. Se fue, o le echaron, se fue y le
echaron (corrieron muchos cuentos sobre eso) de su trabajo en el Herald Examiner por
oponerse a que le borra-
ran la polla y los huevos al Niño Jesús. Esto en la portada del número de Navidad.
«Ni siquiera es mi Dios, es el suyo», me dijo


I, Robot

March 7, 2008


El robot QT-1 Cutie, duda sobre su existencia y responde a Donovan y Powell)
Fíjate en ti. No lo digo con ánimo de desprecio, pero fíjate bien. El material del que estás hecho es blando y flojo, carece de resistencia, y su energía depende de la oxidación ineficiente del material orgánico.
(…)
Entráis periódicamente en coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta a vuestra eficiencia. Sois alterables. Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, permanezco consciente todo el tiempo y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.

Juan Salvador Gaviota….

January 6, 2008

Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de pitanza. Comenzaba otro día de ajetreos.
Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, estaba practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil torsión requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un … solo… centímetro… más… Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó.
Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse n medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.
Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión – parando, parando, y atascándose de nuevo -, no era un pájaro cualquiera.